Leyendas cuyanas: si El Rengo Ariel Castro visita La Lechuza, tiene que ser tonada

El tonadero Ariel Castro visitó La Lechuza para dar una extensa entrevista en el programa Estamos a Favor.
Ariel, luego de la presentación, arremetió con la cueca Vendimia de dos y luego tocó el Fantasma de Canterville, recordando su época rockera. También tocó Soy de la puna, un huayno que cantaba Grito Andino.

Castro contó que es el único de su familia que decidió ser cantor, honrando a los abuelos. Empezó en la música a los 18 años, de la mano de los Luna de la Villa Obrera, quienes le enseñaron sus primeras notas.
En 1985 participó de Grito Andino con Cacho Páez en percusión, Freddy Páez en charango, Juan Ortega Luna en vientos, Beto Manrique en percusión y Ariel Castro en voz y guitarra, eligiendo el nombre del grupo al subir al escenario de un festival que se hacía en el Parque de Mayo.
En 1998 ganó el Pre Cosquín como solista para representar a la provincia, y reconoció que lo hizo “para probar suerte ya que era difícil juntarse a ensayar y a tocar en las presentaciones con los miembros del grupo por razones laborales». Luego participó de una mixtura de estilos musicales en el grupo Mar Solo, con Nelson Tejada en bajo y guitarra eléctrica, Willy Heredia en violín, Atilio Abarca en guitarra, Pablo Carrizo en teclados, Ariel Carrizo en flauta traversa y Ariel Castro en voz. Con ellos recorrió Bélgica, Holanda, España, Italia y Francia, entre otros escenarios. De esa época nos regaló La Huella Larga, de Alberto Merlo.

Apodado Castronetta u Oaki, Ariel Castro recordó historias con amigos con los que fue construyendo su carrera. Dijo que subirse a un escenario con muletas no lo condiciona para nada, solamente son algo para vivir mejor, igual que cualquier otro.
Según comentó, elige el repertorio de acuerdo a su gusto, no guiándose por el facilismo del aplauso seguro, también elige los lugares, y si hay alguien que lo necesita Castro colabora. Actualmente se presenta los viernes y sábados en Avenida Circunvalación y Salta con Quique Gutiérrez, quien lo acompaña en esta visita a La Lechuza y a quien recuerda admirar desde que lo vio tocando de joven en la televisión.
“Yo no soy cantor, trato de desafinar menos”, dijo Ariel, confesando que nunca fue a aprender música, pero que estudia permanentemente, que aprende de los sanjuaninos Ángel Dávila, Enrique Espinosa, el Gordo Avalos y Viviana Castro. Los compositores Ernesto Villavicencio, el ratón Muñoz y Abelino Cantos son sus predilectos.
También interpretó Volver siendo guitarra de Roberto Galarza, quien es uno de los favoritos de su repertorio. “ Y cuando troce mi madera un carpintero, que en vez de muebles se dedique a hacer guitarras, para estar junto a mis amigos en las farras, con acordeones y un rasguear chamamecero”, rememoró.

Confesó que le gusta el heavy metal, y destacó que ser compositor no es una asignatura pendiente para él, que no teme ser tildado de «un simple intérprete” porque no cree tener “el don de poder escribir, de plasmar ideas y cosas bonitas en un papel”, se divierte y es un apasionado interpretando canciones ajenas. Destacó la diferencia de cantar arriba de un escenario, donde la cosa es más organizada y hacerlo en un patio, donde puede percibir en un abrazo el agradecimiento de quien lo escucha, pero no se achica si lo llaman de apuro para cantar en Jesús María ante miles de personas. No debiera quererte así, fue otra de las canciones que nos dejó.
Dijo que es muy caro grabar un disco por lo que nunca lo hizo, y que se siente realizado por el reconocimiento de sus pares, aunque quisiera poder llegar a gente que aun no lo conoce, para lo que necesitaría apoyo provincial.
Sobre el final de la charla, Ariel sentenció “tiene que ser tonada” e interpretó una de Néstor Basurto: “Hoy florece mi esperanza”.llena.

 

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