¿Qué nos toca como estudiantes? Reflexiones después de una marcha histórica en San Juan

*Por Gabriela Trad

El jueves 12 de mayo se realizó en la provincia de San Juan una marcha histórica donde, en el marco de las negociaciones salariales, se unieron en una misma convocatoria los dos gremios docentes universitarios, una larga lista de agrupaciones, no docentes y estudiantes en general. Pero el eje no estaba puesto solo en las paritarias, sino que denunciamos el ajuste y vaciamiento que el gobierno macrista está efectuando en las universidades y colegios del país, reivindicamos la demanda por el boleto estudiantil gratuito y denunciamos la criminalización de la protesta social.

De esta forma, el debate sobre la educación pública vuelve a posicionarse en el centro del conflicto. Además de las partidas presupuestarias que no alcanzan a cubrir los gastos a lo largo del año en distintas universidades del país, conocidas son las frases del presidente sobre el tema, y las editoriales del diario La Nación, donde laxamente se cuestiona el rol de la Universidad pública y gratuita, como así también la necesidad de ampliar su llegada a distintos sectores de la sociedad.

Pero en medio de esta vorágine de declaraciones y medidas antipopulares, cabe recordar el artículo que Ricardo Olivera publicó en los medios sanjuaninos a principios del 2014. En el mismo, Olivera realiza fuertes declaraciones sobre el “gasto” que le implica al Estado Nacional mantener la UNSJ en contraste con la Universidad Católica. “Por supuesto, nadie pide que se reduzca el presupuesto, pero no es defendible un recurso tan mal asignado. Uno de los principales problemas de la pobreza es la mala asignación de los recursos”, finaliza en su artículo luego de comparar una serie de números que en nada reflejan las diferencias sustanciales de estudiar en una universidad pública o en una privada, como si se tratara meramente de la administración de los recursos escasos. Con ese tipo de lógica, carreras como sociología, astronomía, entre otras, cerrarían por no ser económicamente rentables.  Este tipo de declaraciones, a través de una falsa apariencia de preocupación por los sectores más desposeídos, distraen los verdaderos objetivos de quien lo escribió. Olivera habla de meritocracia, no de autonomía universitaria ni de lo que implica formarse en una Universidad Pública. No habla de la educación como un derecho.

En este sentido, juega un papel importante el rol que tenemos quienes hoy formamos parte de la educación pública, y particularmente los y las estudiantes. ¿Qué implica ser estudiante de la UNSJ? ¿O de cualquier colegio público? Implica defenderla, comprometerse al desarrollo nacional, aportar a los debates claves de nuestro país. Implica también entender que la educación no puede ser elitista, ni privilegio de una clase, sino que se debe trabajar para que absolutamente todas y todos tengamos la posibilidad de acceder a una educación de calidad.

En el medio de todo este discurso liberal también se hacen lugar las estigmatizaciones hacia quienes luchamos día a día dentro de estos espacios, lo que constituye una barrera a la politización y compromiso del estudiantado en general. En el medio de la falsa neutralidad que el discurso oficial quiere aparentar, el militante universitario es considerado el “ñoqui” de la educación pública. No estudia, viene a hacer política. En este sentido, pasamos a ser “ñoquis” también quienes nos movilizamos, quienes nos comprometemos con lo que pasa dentro de los claustros.

Son muchos los discursos que hoy como estudiantes nos quedan por derribar y muchos también son los espacios a ocupar. Pero resulta imprescindible entender que los momentos claves de nuestra historia han necesitado de la unión entre el estudiantado y los docentes. Sin dudas se debe hacer mención a que la lucha del estudiantado no está aislada de los conflictos de los trabajadores y trabajadoras de la Secretaria de Agricultura Familiar, ni de los obreros de Cerámica San Juan. Si nos seguimos extendiendo, tampoco está aislada del resto de los reclamos nacionales y luchas latinoamericanas, donde como pueblo tenemos el deber de estar sumamente alertas ante el avance liberal de la región.

En este momento, los y las estudiantes volvemos a ocupar un rol protagónico, hasta se podría decir clave. En la marcha estábamos muchos y muchas, pero aún faltaban banderas. La de los centros de estudiantes movilizando, entre otras. Resulta imprescindible estar en las calles mostrando unidad. Discutir, discutir y discutir. Marchar y proponer. Porque ellos, los tecnócratas formados en Universidades privadas, están cuestionando nuestros pisos, todo aquello que dábamos por sentado, como es el derecho a una educación gratuita, pública y laica.

*Estudiante universitaria y militante de La Mella

 

 

 

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