«HOLA, SOY ALBERTO Y TRABAJO DE PRESIDENTE»

Esta nota se iba a llamar Estado y Pandemia, pero como al pasar escuché un mensaje de WhatsApp que, como un oyente más, enviaba Alberto a una radio, cuya propuesta del día era contar qué hacías y cómo te cuidabas. Entonces decidí cambiarle el título.

      Margarita Moscheni / Politóloga e investigadora UNSJ-CONICET

 

A diferencia de aquel viejo fantasma pensado por Marx que anunciaba con esperanza un futuro, la pandemia recorre nuevamente el mundo, pero esta vez para enfrentarnos a nuevos desafíos, que nos interpelan respecto a ¿Quién ocupará el lugar protagónico en esta escena? ¿Quién asumirá la difícil responsabilidad de enfrentar  esta amenazante realidad, donde el valor  puesto en juego es la vida misma? ¿Será la Iglesia que en su evangélica función, se hará cargo de cuidar enfermos y desprotegidos? ¿Serán los organismos internacionales quienes financiaran campañas de prevención y de asistencia? ¿Será el mercado que con sus visibilizadas instituciones en este sistema, podrá enfrentar desde la lógica mezquina de sus intereses, esta catástrofe? ¿O será el Estado el llamado a asumir esta centralidad?

No quedan dudas, es el Estado, es la política. Es él el que destina presupuesto suficiente a los hospitales, el que paga el sueldo al personal de salud, el que suspende las clases y sigue pagándole los sueldos a los maestros, el que activa los protocolos de seguridad e invierte lo necesario en seguridad para ello, el que busca una vacuna poniendo a la ciencia en un lugar relevante del presupuesto, el que diseña un programa de profilaxis, de alimentación o de ejercitación a distancia o crea un fondo de emergencia para que María, que “ayuda” a la economía informal limpiando casas, o Julián que hace changas, puedan tener un ingreso mínimo sin arriesgar su salud.

Lo bueno de vivir en la periferia es que, a esto de la pandemia también llegamos tarde a nivel mundial, lo que nos dio cierto margen para conocer qué se había hecho mal y qué bien, y pudimos -hasta ahora- actuar mejor. ¿Por qué algunos países como Taiwán, Alemania o Corea del Sur pueden controlar con más éxito y otros, como Italia o España, con menos eficiencia la pandemia? La respuesta es simple: porque los primeros invierten más en salud, ciencia y tecnología pública que los segundos. Así por ejemplo Brasil, cuyo sistema público de salud destina casi 14 veces más que el sistema privado, medido en dólares per cápita, registra el 0,5% más de muertos que Argentina, cuyo gasto en salud supera en un tercio al privado (OBLAT, 2020).

Vuelve a colocarse sobre la mesa la discusión Estado- Mercado. ¿Qué implicancias tendrá ello? ¿Religiosos del libre mercado abandonarán su religión para convertirse al estatismo? ¿Estatistas reforzarán sus convicciones? ¿Nos encontraremos frente a nuevas formas estatales? ¿Esto significará el derrocamiento y fallecimiento del neoliberalismo y el mercado? Mientras algunes auguran el derrocamiento de ambos, otres, observando patrones históricos y dialécticos entendemos que no será tan sencillo cantar victoria.

Las políticas de derecha nos han mostrado su fracaso en la historia y, sin embargo, han continuado vigente. Las derechas mundiales siempre parecen reinventarse. No hace falta irnos muy lejos, basta mirar el jueves negro, cuando en 1929 todos creían que había llegado la hora final del mercado, que agazapado detrás de Keynes, esperaba su hora triunfal. Acabada esta  turbulencia y controlado el fantasma del comunismo, el mercado vuelve a imponerse como institución hegemónica, bastaron menos de cuatro décadas para que  Thatcher, Reagan, procesos militares y organismos internacionales consiguieran consolidarlo. Crisis de 2008 ¿La ineficacia del mercado vuelve a sorprendernos? Parece que tampoco bastó, en menos de una década la derecha vuelve a gobernar la región.

Sin embargo hoy este fenómeno tomó otros matices en la Argentina, la pandemia permitió la emergencia del liderazgo de un Ejecutivo que pone en evidencia un Estado con valores: “Esta emergencia sanitaria nos exige a los argentinos reconocernos y valorarnos como comunidad” (Fernández, 2020). Cambiamos la eficiencia y el mercado, por la comunidad, lo colectivo, la solidaridad y la equidad, valores que reconocen la patria en el otre. Hoy se paran las fábricas y cierran los comercios temporalmente, la economía se toma una pausa para conservar la salud de los que producen.

En la dimensión política la pandemia distingue la condición del líder, emerge al estadista que brinda la seguridad que necesitan hoy más que nunca les argentines. La fortuna, en términos de Maquiavelo (1513), permite que la gestión obtenga un mayor apoyo social, de oficialistas y opositores, que el que tenía al iniciar el mandato.

¿Entonces? No se avecina un nuevo ordenamiento estatal, sino la oportunidad de gestar un nuevo Pacto Social que re-significa valores ya conocidos y que deberán ser lo suficientemente sólidos para enfrentar la represalia del capital y combatir lo más crudo del ser humano que aflora en las crisis. Es necesario preguntarnos entonces ¿Qué mecanismos fortalecerían la democracia en países como el nuestro en los que la “mano dura” era legitimada por una amplia base hace menos de un año? Se abre la posibilidad de pensar colectivamente qué Estado queremos o, antes bien, necesitamos; así como de participar, debatir, comprometerse e involucrarse ¿Estamos preparados para asumir ese desafío?

En principio, es necesario estar convencidos en la defensa de un bienestar colectivo, ya no de hedonismos particulares, que fortalezca lazos de solidaridad, empatía y sororidad, que ya vemos emergen en el #te cuido, me cuido, nos cuidamos#. Porque si algo hemos aprendido de esta tragedia es que no es posible cuidarse sin cuidar al otre. Ya tenemos un piso, queremos un Estado presente que garantice el acceso y el cuidado universal de la salud de todos por encima de la protección de las ganancias y el interés de grandes grupos de poder ¿Qué otros sueños iremos sumando a nuestro nuevo Contrato Social? Depende de nosotros.

Por último, y volviendo al título ¿No denota aún más su humanismo tal cercanía?

admin
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4 pensamientos sobre “«HOLA, SOY ALBERTO Y TRABAJO DE PRESIDENTE»”

  1. Esteban Santipolio: buena nota, me parece que tiene aristas para discutir e incluso polemizar. gracias por compartirla.
    discutiria que me hubiera gustado algun analisis de la batalla cultural, creo que en eso avanzaremos sin lugar a dudas y polemizaria que el «era» sobre los que quieren mano dura..no retrocedio un centimetro y no se si no ha avanzado

  2. Gracias Margarita por poner en debate estas cuestiones tan importantes. Creo que el estado deberá reconfigurarse de algún modo. En tiempos de crisis el estado esta en disputa.Habrá que ver para donde se define pero eso depende de la correlación de fuerzas en la lucha de clases. Felicitaciones Margarita!

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