¿Agitar la bronca o contener el conflicto?

Por Lucas Molinari (*)

La vuelta al FMI abrió la caja de los recuerdos. Más de uno se preguntó ¿se viene el estallido? Otros afirmaron que la situación es muy distinta porque aún no estamos tan degradados económicamente. Y quien le contestó, que la “década ganada” gestó conciencia y que la bronca crece…

Es difícil adelantarse a procesos insurreccionales. La característica de los mismos es que tienen mucho de espontáneo pero donde la organización juega un rol central. El 17 de octubre quedó demostrado que fue inducido por una base movilizada por un la vieja guardia sindical. El Cordobazo no puede comprenderse sin dirigentes como Atilio López y Agustín Tosco.

Muchas veces los dirigentes fueron expresión de la conciencia colectiva en cada momento histórico. Es el caso de Saúl Ubaldini que le dio vigor a esa CGT que luchó contra el plan económico de la dependencia, primero en dictadura y luego en democracia.

En la Argentina de hoy hay muchas situaciones contradictorias. Un músculo del movimiento popular que comparado con Brasil sorprende a muchos analistas, por la masividad y la cotidianidad de las luchas. A la vez el factor “tiempo” , que es atroz. Porque cada vez se pasa más a la defensiva, y el dicho amenazante de Prat Gay en enero de 2016 se hace realidad: elijan entre paritarias o puestos de trabajo.

Como el malestar crece desde los medios masivos ciertos comunicadores oficialistas batallan y hablan del pueblo como golpista. Inventaron lo del “club del helicóptero” para dar vuelta la taba, y decir: que los trabajadores somos golpistas. ¿Qué locura no? Qué falacia. Sin embargo caló hondo, porque en más de un acto se escuchan frases como “no somos golpitas”, “queremos que este gobierno termine su mandato”.

Como si fuera responsabilidad de la oposición que un “mal gobierno” concluya pacíficamente. Como si nuestro pueblo debería ser pasivo ante fuerzas de seguridad que tiran a las cabezas de los manifestantes para sacarle los ojos. De un gobierno que suma presos políticos. De un plan económico que hambrea a nuestros compatriotas.

Parece entonces una más de la “Posverdad”, y de cómo algunos compañeros del campo nacional y popular terminan aceptando el discurso del enemigo.

Vale entonces retrucar. Que nuestra historia cambió con insurrecciones. No pudo haber Perón sin 17 de octubre. No pudo haber vuelto el Líder sin los “Azos” de fines de los 60, no pudo existir el planteo de Kirchner sin el 2001. No pudo haber 1810 sin haber echado, con el pueblo en la calle, a los ingleses.

Claro que más cerca en el tiempo se puede afirmar en el mismo sentido que había quienes decían que el macrismo se encaminaba a hegemonizar el escenario político tras las elecciones de octubre pasado. Pero llegó el 13, el 14 y 18 de diciembre de 2017. A piedrazos el pueblo se defendió y entonces cambió la discusión.

Son tiempos de vértigo, pero no podemos desconocer que venimos de una década de muchas conquistas como trabajadores y como nación. A diferencia del menemismo que fue precedido por una fuerte crisis de hiperinflación, Macri recibió un país ordenado. Sobre todo con tanto respeto a lo institucional que casi no existen organizaciones políticas con un planteo insurreccional.

Y el panorama es complejo, pero sigue en disputa en la Patria Grande y el mundo: En Brasil parece consolidarse la proscripción de Lula, Colombia se encamina a un gobierno de la ultra-derecha militarista que puede romper los acuerdos de paz, mientras Venezuela, Cuba y Bolivia resisten. A la vez sí hay una multipolaridad, sí hay un Papa que hace planteos de ruptura con el capitalismo.

Por supuesto que la clave electoral es importante, pero va a estar siempre determinada por el nivel de conflictividad, donde las organizaciones libres del pueblo juegan un rol estratégico. No es lo mismo un 2019 con un gobierno desgastado por planes de lucha unificados que no le permitan avanzar con el FMI, que una gestión que haya disciplinado a unos y negociado con otros.

Ya el macrismo planteó públicamente que busca una continuidad de su proyecto colonial con un “justicialismo renovado”. Lo que suena a un nuevo menemato que busque convencer en que no hay opción: hay que pagar la deuda y aceptar ser un país empobrecido.

Por eso la necesidad de este debate que deriva en preguntarnos ¿Qué democracia queremos? pero a partir de ¿Qué patria queremos?

Y quizá antes ¿Cómo nos informamos? Nosotros ahí respondemos: empecemos por potenciar la discusión y el pensamiento nacional en nuestros medios, los comunitarios y populares.


(*) Periodista de Radio Gráfica, conduce Punto de Partida (lunes a viernes de 8 a 10am).

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